Esta entrada no es un cry. Yo nunca lloro.

Yo entro a machete.

Hay cosas en la viña de Aquel Cuyo Nombre No Pronunciamos que me queman. Afortunadamente, una de ellas ya no es que me caiga una china de tabaco en los cojones. Pero siguen habiendo cosas que, cual pastilla de encendido de barbacoa, hacen que entre en combustión espontánea así por las buenas y de buena mañana.

Pasaremos a desglosarlas, para solaz y esparcimiento de la grey.

El mago fuego

Bueno, el mago fuego en general no. Porque el mago fuego sólo tiene un problema. Se llama “índice de golpe crítico”.

Tú eres tanke, ¿vale?

A ver, seguridad, saquenme de la sala a ese rogue que se está descojonando allí al fondo. Y que alguien le traiga sales aromáticas a la maga que se acaba de desmayar en el fondo. Todo esto es una HIPÓTESIS, ¿saben? Y contrariamente a lo que nuestros amigos damnificados por la LOGSE creen, una hipótesis no es el lado más largo de un triángulo rectángulo. Una hipótesis es un suponer, como la inteligencia emocional del dps medio.

Vale, estabamos en que eres tanke. Y estás allí, batiendote el cobre tranquilamente con un mob. Básicamente, teniendo un sano y educado intercambio de pareceres a hostia limpia, que es como debatimos los tankes. Porque para qué discutir si puedes aggrear.

Hasta que de momento notas una perturbación en la Fuerza. Como si un millón de procs se iluminaran en la barra de acción de un dps, y de pronto se hiciera el silencio. Y en ese instante ves algo por el rabillo del ojo. Ladeas la cabeza y contemplas, con un pánico creciente, al que debe ser el hermano mayor del meteorito que acabó con los dinosaurios desplazandose a Mach 2 hacia el mob que te estás tankeando. La explosión subsiguiente abre un cráter que, si esto fuera un tebeo de Mortadelo, tendría señores hablando en japonés en el fondo.

Obviamente, el mob se gira a pedirle explicaciones al mago en cuestión, ansioso de intercambiar opiniones con él. Pero tú, que en el fondo sabes que Lunne no lo ha hecho aposta, le taunteas al mob y sigues aggreando. Aunque sea la decimoséptima vez que te ha girado un mob en lo que llevamos de Tol’Vir.

Porque cuando eres tanke tú controlas la situación. Pero de healer dependes de gente que, en un gran porcentaje de los casos, es más tonta que tú.

Si eres healer, asistes en tercera persona al escenario planteado anteriormente. Y si el tanke es manco, y no hay nadie de su guild en la party, pensará “el que pullea/aggrea tankea“, si es que el cerebro le llega a eso, y dejará que el mob se vaya a por el mago. Mago que tardará dos milésimas de segundo después de la primera hostia del mob en encubitarse. En ese momento tenemos un mob parpadeando confuso, que mira a su alrededor, ¿y qué ve?

Ve a Gigatrón curando.

Hala, tirate la poooompa, stunnea al moooob, corre hacia el taaaanke… todo porque entre el manco del tanke y el encefaloplano del dps se las han arreglado para que el healer, EL PUTO HEALER QUE YA VES QUÉ CULPA TENDRÍA ÉL DE NADA, acabara recibiendo.

Todo por los críticos del mago.

Lo cual me lleva al siguiente punto.

Los procs del Paladín

Para aquel de nuestros lectores que no lo sepa, la expresión proc es el acrónimo de procentaje.

A-hem.

En la cabeza no, por favor, que estoy programando.

Un proc, hablando rápido y mal, es una cosa que a veces pasa y a veces no dependiendo de la más absoluta aleatoriedad. Más o menos como la posibilidad de que mi profesor de programación califique igual dos trabajos exactamente iguales, o que mi profesor de bases de datos copie BIEN un problema que se encuentra por internet y que luego nos pone en un examen.

Hay clases que se basan mucho en los procs y otras que no tanto. Y hay clases cuyos procs han pasado de ser algo útil a ser algo over, y ahora se están tomando un café en un bar de carretera mientras una señora que huele a tabaco les soba la entrepierna. Es el caso de los procs del Paladín, como apunta Scrag en su última entrada.

Uno entra alegremente con su Paladín a curar Trono de las Mareas. Se buffa, buffa al grupo, se morfea con el sombrero de las quests de Azshara, y hala, vamos a salvar el mundo una vez más. El tanke pullea el primer pull, y tú, inocentemente, le echas un Choque Sagrado para ir acumulando Poder Sagrado por si acaso.

En ese momento te conviertes en una bola de discoteca con patas.

Se te iluminan las manos, un nimbo de luz te rodea, te sale una corona de luz en la cabeza, empiezas a tirar rayos, y tu barra de procs parece la cola de entrada a una discoteca en Año Nuevo, mientras todos los de la party se tapan los ojos y los mobs sacan las gafas de sol.

¿Y eso es un problema? No, es peor: es un desperdicio.

Es un desperdicio porque, aparte de que nunca tienes necesidad de usar todos los procs (que te salte un Amanecer -Choque Sagrado gratis y sin cooldown- cuando tienes las tres cargas de Poder Sagrado es como ponerle botas de agua a una merluza), es que no te da tiempo a usarlos todos. Cuando te salta uno que tiene un contador inferior a cuatro segundos te preguntas en qué puta cabeza cabe que tengas tiempo de usarlo cuando estás casteando curas en 2.5 segundos. A mitad casteo de la cura que debería aprovechar ese proc ya se te ha ido.

¿Eso significa que el pala holy está mal? No, al menos que yo sepa: he subido dos niveles y medio a base de instances y nunca me ha bajado el maná por debajo del 70%. Ya hablaremos a 85 y en heroicas, pero de momento no me puedo quejar.

Lo que me jode es desperdiciar procs por un mal diseño de los mismos.

Pasemos al siguiente punto

Los tabardos de reputación

En la Wrath fueron una cosa de esas que las piensas y dices “meh“, porque, total, tampoco eran un coñazo.

Pero en Cataclysm se han pasado.

De una mecánica que significaba “ya no tengo que grindear diarias como un chinofarmer para subir repu y pillar X item que necesito” ha pasado a una mecánica que significa “hola, soy Aquel Cuyo Nombre No Pronunciais, y pongo tabardos HASTA EN LAS PUTAS CAPITALES DE FACCIÓN por ahorrarme la molestia de inventarme diarias, aunque cuando lo haga tenga el santo morro de convertir misiones de leveleo en diarias. ¡Y me pagan por esto!

Es que no me jodan.

¿Que hacemos una facción nueva? ¿Para qué vamos a complicarnos la vida inventandonos diarias? Les ponemos un tabardo y que grindeen instances, que es más sano y se conoce gente.

Y eso que las diarias son de agarrate y no te menees: una versión pigmea del Whack-a-Mole en Ramkahen (¡que sólo tiene una cochina y miserable diaria!), misiones de leveleo sin retocar NADA en Faucedraco, y siete u ocho de “ve y mata X cosas” en Therazane, de las de grindeo coreano. Al menos en Hodir tenías alguna con vehículo, coño.

Antes yo tenía mis tabardos en el banco como muestra de orgullo. El tabardo escarlata, que me cayó a la tercera (¡rabia, Kompae!), el tabardo Sol Devastado, sacado con el sudor de mis campeos en Quel’Danas, y tabardos así molones como el del Explorador. Ahora MOLESTAN en el banco, coño. Debo tener unos treinta, y no sé donde cojones meterlos.

Lo cual me lleva al siguiente punto:

El banco

Es el sofá.

No, en serio. Piensenlo: el banco de su main es como el sofá de su casa.

¿Qué se encuentra uno cuando lo abre? Lo mismo que cuando levanta los cojines: polvo (reagente de enchant en este caso), llaves (una que empieza una misión en Tierras Altas Crepusculares), restos de comida (ingredientes en el caso del main) y algún que otro mando a distancia (el de la Tuneladora, el del Coche de Carreras Triturador, etc).

El banco del main es el sofá de casa. Aparte de lo mencionado arriba, cuando lo compras es como un sofá: lo cuidas como si fuera tu hijo. No dejas que nadie fume en él, lo tapas con una sábana, no le acercas líquidos a menos de cinco metros… cualquier cosa para no joderlo. ´

Con el banco igual: sólo lo usas para las cosas REALMENTE IMPORTANTES, como ese item verde de quest low que te molaba la skin. Aunque nunca te lo hayas puesto, que es BoE y sigue siendolo después de cuatro años. O menas de mineral de cuando subiste Minería, que las guardaste por si acaso. Por si acaso algún día necesitabas urgentemente cinco barras de veraplata para matar a Arthas, que uno nunca sabe. O esas bolsas de doce o catorce casillas que no se ligan al equiparlas, que las guardas porque igual un año de estos te haces un alter y así ya las tiene. Aunque valgan cincuenta platas en AH, así no te gastas medio gold, que estamos en crisis.

Pero al cabo del tiempo el sofá se va jodiendo: cruje cuando te sientas, se queja, le salen listones de madera por todas partes que se te clavan en sitios que no sabías que tenías, y, en general, piensas que igual ya va siendo hora de cambiarlo.

Con el banco pasa que, cuando te quieres dar cuenta, no tienes sitio PARA NADA. Y entonces es cuando entras a sangre y fuego y vendes cualquier cosa que tenga precio de venta y no sea remotamente útil. Y algunas que no tienen precio de venta las rompes, como los tiers antiguos que por el amor de Dios, no te has puesto en tu vida, a quién quieres engañar. Y eso que mi Paladín y mi Caballero son coleccionistas de escudos y armas, respectivamente.

Porque puede que el banco de mi Caballero esté petado de mierda hasta extremos de síndrome de Diógenes, pero NI POR MI PADRE vendo yo la Trinchamundos de Ignis.

Hasta ahí podríamos llegar, hombre.